Hoy he descubierto que mi gran pasión es el AMOR. Lo he descubierto meditando. Haciendo uno de los ejercicios que propone Santos Ávila (www.santosavila.com) en su libro ‘Registros Akáshicos’.
Por cierto, abro un paréntesis para hablaros de Santos. Lo descubrí navegando por internet. Cuando estás pasando por una situación dolorosa, incongruente, sin sentido... necesitas buscar respuestas. Le envié un email diciendo que había ido a parar a su web navegando por internet, visitando el apartado de "regresiones" del Institut de Salut Holística. Le expliqué brevemente mi situación y le pregunté si podría hacer alguna sesión con él y que qué me recomendaría. Me recomendó hacer una sesión de Sanación Cuántica para "empezar a liberar bloqueos desde un punto de vista energetico, emocional y mental".
Acudí al Institut de Salut Holística de Barcelona para realizar esa sesión que me recomendó y, al verle, tuve esa sensación de "le conozco" que tengo con algunas personas que pasan por mi vida (tampoco me pasa demasiado a menudo).
Me hizo pasar a una sala, nos sentamos los dos en unos butacones, uno frente al otro, y me sugirió realizar un escaner corporal para ver dónde tenía los bloqueos. Le expliqué que sentía un enorme nudo en el estómago y me dijo que cerrara los ojos y repitiera las palabras que él me iba diciendo... Lo hice así y el nudo casi se desvaneció por completo.
A continuación me sugirió que cerrara los ojos, mientras él hacía trabajos energéticos y, tras eso, que le explicara lo que había pasado por mi mente. Tras explicarle lo que visualicé y lo que sentí, Santos me dio una explicación a lo que ocurría y me proporcionó ciertas técnicas para trabajar sobre ese tema. Así tres o cuatro veces. Cada vez la visualización era diferente, cada vez la técnica era diferente.
Salí de la consulta súper relajada, y con mucha energía. Dispuesta a comerme el mundo. Sigo utilizando las técnicas que me recomendó. Una de ellas es hacer de manera CONSCIENTE todo tipo de limpieza: lavando los platos, limpiando el polvo de casa, fregando el suelo, duchándome... Hacerlo pensando en eliminar toda "la suciedad", toda "la energía negativa" que haya acumulada en la casa, en mí, en mis pensamientos...
Le hablé sobre Santos a una amiga, y semanas después, la acompañé a su consulta para que la ayudara con sus propios bloqueos emocionales. Ese día mi amiga decidió regalarme uno de los libros de Santos, el que os comentaba al principio, 'Registros Akáshicos - Doce herramientas para mejorar la calidad de vista y la autoestima'. Ciertamente, mi amiga no podría haber escogido mejor libro para mí.
De manera muy desenfadada, y sin profundizar demasiado en la espiritualidad, Santos explica 12 técnicas que podemos utilizar para desbloquearnos, para conocernos algo mejor y para fomentar la autoestima. Prácticamente me lo he leido entero, tan sólo me faltan unas cuatro o cinco técnicas... Tengo que decir que las estoy utilizando prácticamente todas, alguna con mayor frecuencia que otra, y me encantan. Os recomiendo su lectura fervorosamente.
Por cierto, la dedicatoria que Santos me escribió en el libro fue tan acertada que al leerla sentí que me conocía toda la vida. Un regalazo el de mi amiga, vaya. Gracias desde aquí a los dos!
Bien, pues haciendo uno de los ejercicios que propone Santos en su libro (y que no os desvelaré porque así os animo a comprarlo) me ha llevado a descubrir que mi gran pasión en la vida es el AMOR. Yo pensaba que eran los musicales. Pero resulta que no. Es el AMOR. Por eso, no poder ganarme la vida trabajando en ese mundo no me hace sentirme frustrada, lo que me frustra realmente es no poder AMAR a quien quiero AMAR.
Por eso, siempre que he estado locamente enamorada he priorizado el AMOR a los musicales. Porque mi verdadera pasión es AMAR y que me amen. No me estaba olvidando de mi verdadera pasión... todo lo contrario! Los musicales escondían lo que era mi verdadera pasión... Por eso me gustan tanto, porque elevan el amor potencialmente.
Por eso me gustan las canciones de amor, los libros de amor, los musicales de amor... todo tipo de arte que sea expresión del AMOR. Este es el punto. Y me ha hecho muy feliz descubrirlo.
Cierto es que Marta, mi masajista, me dijo nada más conocerme que había venido a este mundo a trabajar el AMOR... Pero no le hice demasiado caso. Ahora lo veo todo mucho más claro.
Una vez averiguado esto, tengo que descubrir qué hacer con este AMOR que no puedo entregar a quien me gustaría, ya que no lo quiere recibir. Supongo que tengo que aprender a entregármelo a mí misma, y a ser feliz llenándome de ese AMOR que sale de mí a raudales y que, ahora mismo, no tiene dueña, ya que a quien moriría por dárselo, lo ha rechazado.
Evidentemente, tengo claro que el AMOR no es algo que pertenezca únicamente a la pareja, así que lo seguiré dando a mis amig@s, y a mi familia, pero ya me entendéis... No es lo mismo... Falta la pasión, los arrumacos, los despertares entre abrazos, dormirse acurrucada a la persona que amas, los besos inesperados, la intimidad, las miradas cómplices... y todo lo que es propio de la pareja... Pero seguiré sin ello hasta que aparezca la persona que conquiste mi corazón y que desee recibir este AMOR sin límites. No queda otra. Aprenderemos pues a querernos un poquito más a nosotr@s mism@s. Debe ser parte del camino.
domingo, 1 de julio de 2018
lunes, 18 de junio de 2018
Sobre la aceptación
Nuevamente, me encuentro en un momento de mi vida en el que no acepto una situación. No acepto que la persona a la que amo me haya dejado ir y que no venga a buscarme. No acepto que proclame a los cuatro vientos que no me ama y que tan sólo "me echa de menos porque ha perdido a su mejor amiga".
No acepto que "reduzca" dos años de relación que para mí han estado plagados de momentos maravillosos, de inolvidables gestos de amor, de pasión, de intimidad y de complicidad a un "no te enteras, no éramos pareja, éramos amigas" o, peor aún "no entiendo cómo has podido considerar que nuestra relación era de pareja, sí que te quieres poco". En fin, palabras-puñales que le encanta utilizar y, que en el fondo, no son sólo para mí, son también para ella.
Es cierto que en estos dos años me he sentido sola en muchos momentos, que siempre he tenido la sensación de "no está al 100% conmigo", que siempre he notado cómo marcaba ciertas distancias y no se dejaba ir del todo. Pero, cuando "estaba presente", era la relación perfecta. Ésa con la que siempre había soñado. Ella me ha hecho descubrir que mis sueños podían convertirse en realidad, e incluso que la realidad podía ser más maravillosa de lo que nunca pude llegar a imaginar.
Normalmente escuchas hablar sobre situaciones o lees artículos sobre las relaciones de pareja que cuentan que las personas dicen cosas bonitas pero luego no las demuestran. Que los "te quiero" son muy fáciles de decir, que muchas personas tienen la habilidad de regalarte los oídos, pero luego nunca están para lo que necesitas.
En mi caso era justo al contrario. Había gestos indudables de conexión, de implicación, de "amor", mezclados, eso sí, con signos de evitación y de rechazo. Y al verbalizarle mis dudas sobre nuestra relación, al preguntarle si realmente quería estar al 100% junto a mi o no, me decía siempre que no me quería, que ella ya estaba bien así, viéndonos cuando tenía tiempo libre pero sin implicarse más allá en la relación, sin planes de una vida futura en común.
No había palabras bonitas de ella hacia mí. Había gestos bonitos, muy bonitos... y distancia para que no pensara que los "gestos bonitos" tenían un significado que ella no quería que tuvieran. Había implicación cuando tenía que haberla y compromiso en los momentos que debía de haberlo, pero no había palabras bonitas. Su respuesta a mis "te amo" susurrados entre abrazos era siempre el silencio.
Es extraño... No sé si os habéis encontrado alguna vez en esta situación.
Han sido dos años de relación. Y todo el tiempo ha sido igual. Yo he ido "aguantando" porque estaba (y de alguna manera estoy) convencida de que realmente me amaba pero no era capaz de expresarlo. Yo iba esperando semana tras semana los días en que nos íbamos a ver, porque me encantaba compartir horas con ella, fuera hablando, cenando, con amig@s, tumbadas en el sofá o durmiendo abrazadas. Me sentía plena. Aunque a veces notara su distancia, trataba de ignorarla.
Yo siempre trataba de entenderla: tiene dos hijas, nunca ha tenido una relación con otra mujer hasta que me conoció a mi, su familia es muy tradicional, necesita tiempo para ella y su gente, sus relaciones anteriores no han sido tan intensas y está desubicada... Siempre encontraba explicaciones para su "distancia".
Pero incluso mi "comprensión" era incomprensible para ella. Me "echaba en cara" que se lo ponía todo "demasiado fácil", que siempre estaba de buen humor, siempre tenía ganas de hacer cosas con ella y le contagiaba de alguna manera mi entusiasmo, siempre estaba disponible para ella... Todo lo que cualquier pareja consideraría como "bueno", ella lo consideraba como "malo".
No lo entendía. Y sigo sin entenderlo. Pero hay cosas que no se tienen por qué entender. Supongo que esta es la clave del éxito en la vida y en las relaciones. La aceptación y la auto-determinación. No puedes cambiar a nadie. Sólo puedes cambiarte a ti.
No es sano ser la persona que siempre "tira del carro" en una relación. No es sano no recibir de la misma manera que das. No es sano aceptar el rechazo. No es sano que no te digan palabras bonitas. Llegó el turno de pensar en mi y no en ella. Llegó el turno de rendirse. No podía más.
- ¿Quieres estar conmigo al 100%? ¿Me quieres en tu vida? ¿Puedes decirme que quieres seguir junto a mí pero que, ahora mismo, la situación es la que es y tenemos que aceptarla y vivirla juntas, con el mismo propósito en común, siendo parte del mismo equipo?
- No. Sólo te puedo seguir dando este porcentaje de mi vida. Quiero seguir siendo tu amiga íntima, nada más. Tal y como estamos es perfecto para mí. No te amo. Si te amara, ya estaríamos viviendo juntas.
[Sí.... puñaladas de esas que se clavan en lo más profundo del alma... Dolorosas hasta no poder más. Aunque sus palabras no me las creí, y no me las creo. No se puede "no amar" a nadie. Es imposible. Pero nada, ella necesitaba expresar así su caos mental. Necesitaba que yo dijera 'basta', y lo hice.]
- De acuerdo. Pues yo así no soy feliz. Se acabó. No hay más. No podemos seguir viéndonos más. Adiós. Te quiero, pero necesito que tú me quieras también. No puedo querer sólo yo. El amor es cosa de dos.
- (Silencio absoluto, abrazos intensos)...
Fue el fin. Después de dos años trabajando juntas con una complicidad especial, y después de dos años más de relación maravillosa y dolorosa a la vez. Todo acabó así. Y no lo acepto. No acepto que esto sea el fin. Así sin más. Sin ningún tipo de acercamiento por su parte. Me ha dejado ir. Sin más. No lo acepto.
Y ese es el problema de nuestro sufrimiento. La NO aceptación. Tenemos que aprender a aceptar las cosas. Aceptar las cosas que no podemos controlar nos eliminaría mucho dolor emocional. De hecho, el dolor emocional procede de la no aceptación. Si aceptamos, no sufrimos, simplemente vivimos y confiamos.
Es curioso como desde fuera todo se ve sumamente claro. Sin ir más lejos, yo soy la primera que da consejos a las personas que quiero insistiéndoles en que deben de aceptar las cosas que vienen sin más, porque todo lo que nos pasa lleva un mensaje escondido que es beneficioso para nosotros.
Mi padre este verano estuvo ingresado en el hospital y él no aceptaba (y sigue sin aceptar) lo que le pasó. Esto le provoca un dolor profundo y no le permite estar bien, porque sufre. Se pregunta "¿por qué me ha pasado esto a mi?". Yo le intento explicar que vive en constante tensión y que está lleno de miedos, y que éso le pasó para que pudiera aprender a relajarse y a darse cuenta de lo vulnerable que es... Sí. Desde fuera todo es fácil.
Curiosamente, el sábado, leyendo mis propios artículos en este blog, me di cuenta de que mi sufrimiento venía de la NO aceptación de esta situación. Que seguía empeñaba en justificar la actuación de la otra persona. Seguía empeñaba en que el miedo no le hacía ver lo mucho que me amaba. Pero es que este discurso no me ayuda. Todo lo contrario. Me quita poder. Me hace pequeña. Me hace sufrir. Me genera frustración.
Además... aunque fuera miedo, ¿qué? ¿Por qué el miedo se debe eliminar? ¿Por qué no lo puedo aceptar? Yo tengo miedo a hacer paracaidismo y, por mucho que nadie me dijera lo feliz que iba a ser haciéndolo, no lo haría. Y deberían aceptar que el miedo me evite vivir una experiencia única. Ahora debo aceptar yo que el miedo (o lo que sea) le evite vivir una vida llena de amor.
Además... ¿por qué mi amor ha de ser bueno para ella? ¿Por qué me empeño en pensar que las dos juntas seríamos las personas más felices del universo? Quizás no sea así.
Ella ha decidido no seguir a mi lado. Ha decidido dejarme ir. Ha decidido eliminarme de su vida. Y debo aceptarlo y seguir hacia adelante. Sólo así podré encontrar a una persona que decida estar a mi lado, que apueste por mí y por nosotras, que sepa sorprenderme y amarme como deseo que me amen. Sólo así podré encontrar a la persona que desee recibir mi amor sin límites, que responda a mi intensidad, y que comparta conmigo esta locura del amor.
Ella no era esa persona y me empeñé en que lo fuera. Ella no quería serlo. Tengo que aceptarlo. Y tirar hacia adelante. Si quisiera serlo vendría a buscarme.
Ella me ha enseñado a saber lo que quiero. Me ha enseñado a ser fuerte, a ser independiente, a vivir sola, a no tener miedo de la soledad. Me ha enseñado a amarme, a ser más sociable, a estar orgullosa de mí. Ella me ha ayudado a ampliar mi círculo social. Me ha descubierto muchísimas cosas que desconocía. Me ha hecho crecer a todos los niveles, y por ello le estaré siempre agradecida.
Afirmo esto con total convicción pero, me conozco, y sé que a la mínima volverán a mí esos pensamientos recurrentes que tanto me torturan: "Sé que en el fondo me quiere, no entiendo porqué no vuelve a mí", "lo está pasando mal y me echa de menos, estoy convencida, tiene que darse cuenta de lo que siente y volver".
O seguro que, a la mínima, estaré buscando en internet artículos relacionados con los "twin flames / llamas gemelas" que tratan de dar explicación a este tipo de relaciones. Artículos que dicen que debo confiar en mi intuición, que las almas gemelas debemos evolucionar por separado antes de volver a reunirnos para vivir nuestra relación con la máxima plenitud, que debemos confiar en el "tiempo divino".
Pero lo importante en el fondo es que, sea o no cierto el tema de las almas gemelas, sea o no cierta mi intuición sobre su amor, lo único que puedo hacer para sanarme y seguir avanzando en mi camino es ACEPTAR la situación, ACEPTAR su rechazo y CONFIAR en el Universo. El tiempo me dará las respuestas. El tiempo hará que pueda compartir esas respuestas con vosotr@s.
La ACEPTACIÓN es la clave del crecimiento y del bienestar emocional. ACEPTAR, RENDIRSE Y CONFIAR. Nada más... y nada menos!
No acepto que "reduzca" dos años de relación que para mí han estado plagados de momentos maravillosos, de inolvidables gestos de amor, de pasión, de intimidad y de complicidad a un "no te enteras, no éramos pareja, éramos amigas" o, peor aún "no entiendo cómo has podido considerar que nuestra relación era de pareja, sí que te quieres poco". En fin, palabras-puñales que le encanta utilizar y, que en el fondo, no son sólo para mí, son también para ella.
Es cierto que en estos dos años me he sentido sola en muchos momentos, que siempre he tenido la sensación de "no está al 100% conmigo", que siempre he notado cómo marcaba ciertas distancias y no se dejaba ir del todo. Pero, cuando "estaba presente", era la relación perfecta. Ésa con la que siempre había soñado. Ella me ha hecho descubrir que mis sueños podían convertirse en realidad, e incluso que la realidad podía ser más maravillosa de lo que nunca pude llegar a imaginar.
Normalmente escuchas hablar sobre situaciones o lees artículos sobre las relaciones de pareja que cuentan que las personas dicen cosas bonitas pero luego no las demuestran. Que los "te quiero" son muy fáciles de decir, que muchas personas tienen la habilidad de regalarte los oídos, pero luego nunca están para lo que necesitas.
En mi caso era justo al contrario. Había gestos indudables de conexión, de implicación, de "amor", mezclados, eso sí, con signos de evitación y de rechazo. Y al verbalizarle mis dudas sobre nuestra relación, al preguntarle si realmente quería estar al 100% junto a mi o no, me decía siempre que no me quería, que ella ya estaba bien así, viéndonos cuando tenía tiempo libre pero sin implicarse más allá en la relación, sin planes de una vida futura en común.
No había palabras bonitas de ella hacia mí. Había gestos bonitos, muy bonitos... y distancia para que no pensara que los "gestos bonitos" tenían un significado que ella no quería que tuvieran. Había implicación cuando tenía que haberla y compromiso en los momentos que debía de haberlo, pero no había palabras bonitas. Su respuesta a mis "te amo" susurrados entre abrazos era siempre el silencio.
Es extraño... No sé si os habéis encontrado alguna vez en esta situación.
Han sido dos años de relación. Y todo el tiempo ha sido igual. Yo he ido "aguantando" porque estaba (y de alguna manera estoy) convencida de que realmente me amaba pero no era capaz de expresarlo. Yo iba esperando semana tras semana los días en que nos íbamos a ver, porque me encantaba compartir horas con ella, fuera hablando, cenando, con amig@s, tumbadas en el sofá o durmiendo abrazadas. Me sentía plena. Aunque a veces notara su distancia, trataba de ignorarla.
Yo siempre trataba de entenderla: tiene dos hijas, nunca ha tenido una relación con otra mujer hasta que me conoció a mi, su familia es muy tradicional, necesita tiempo para ella y su gente, sus relaciones anteriores no han sido tan intensas y está desubicada... Siempre encontraba explicaciones para su "distancia".
Pero incluso mi "comprensión" era incomprensible para ella. Me "echaba en cara" que se lo ponía todo "demasiado fácil", que siempre estaba de buen humor, siempre tenía ganas de hacer cosas con ella y le contagiaba de alguna manera mi entusiasmo, siempre estaba disponible para ella... Todo lo que cualquier pareja consideraría como "bueno", ella lo consideraba como "malo".
No lo entendía. Y sigo sin entenderlo. Pero hay cosas que no se tienen por qué entender. Supongo que esta es la clave del éxito en la vida y en las relaciones. La aceptación y la auto-determinación. No puedes cambiar a nadie. Sólo puedes cambiarte a ti.
No es sano ser la persona que siempre "tira del carro" en una relación. No es sano no recibir de la misma manera que das. No es sano aceptar el rechazo. No es sano que no te digan palabras bonitas. Llegó el turno de pensar en mi y no en ella. Llegó el turno de rendirse. No podía más.
- ¿Quieres estar conmigo al 100%? ¿Me quieres en tu vida? ¿Puedes decirme que quieres seguir junto a mí pero que, ahora mismo, la situación es la que es y tenemos que aceptarla y vivirla juntas, con el mismo propósito en común, siendo parte del mismo equipo?
- No. Sólo te puedo seguir dando este porcentaje de mi vida. Quiero seguir siendo tu amiga íntima, nada más. Tal y como estamos es perfecto para mí. No te amo. Si te amara, ya estaríamos viviendo juntas.
[Sí.... puñaladas de esas que se clavan en lo más profundo del alma... Dolorosas hasta no poder más. Aunque sus palabras no me las creí, y no me las creo. No se puede "no amar" a nadie. Es imposible. Pero nada, ella necesitaba expresar así su caos mental. Necesitaba que yo dijera 'basta', y lo hice.]
- De acuerdo. Pues yo así no soy feliz. Se acabó. No hay más. No podemos seguir viéndonos más. Adiós. Te quiero, pero necesito que tú me quieras también. No puedo querer sólo yo. El amor es cosa de dos.
- (Silencio absoluto, abrazos intensos)...
Fue el fin. Después de dos años trabajando juntas con una complicidad especial, y después de dos años más de relación maravillosa y dolorosa a la vez. Todo acabó así. Y no lo acepto. No acepto que esto sea el fin. Así sin más. Sin ningún tipo de acercamiento por su parte. Me ha dejado ir. Sin más. No lo acepto.
Y ese es el problema de nuestro sufrimiento. La NO aceptación. Tenemos que aprender a aceptar las cosas. Aceptar las cosas que no podemos controlar nos eliminaría mucho dolor emocional. De hecho, el dolor emocional procede de la no aceptación. Si aceptamos, no sufrimos, simplemente vivimos y confiamos.
Es curioso como desde fuera todo se ve sumamente claro. Sin ir más lejos, yo soy la primera que da consejos a las personas que quiero insistiéndoles en que deben de aceptar las cosas que vienen sin más, porque todo lo que nos pasa lleva un mensaje escondido que es beneficioso para nosotros.
Mi padre este verano estuvo ingresado en el hospital y él no aceptaba (y sigue sin aceptar) lo que le pasó. Esto le provoca un dolor profundo y no le permite estar bien, porque sufre. Se pregunta "¿por qué me ha pasado esto a mi?". Yo le intento explicar que vive en constante tensión y que está lleno de miedos, y que éso le pasó para que pudiera aprender a relajarse y a darse cuenta de lo vulnerable que es... Sí. Desde fuera todo es fácil.
Curiosamente, el sábado, leyendo mis propios artículos en este blog, me di cuenta de que mi sufrimiento venía de la NO aceptación de esta situación. Que seguía empeñaba en justificar la actuación de la otra persona. Seguía empeñaba en que el miedo no le hacía ver lo mucho que me amaba. Pero es que este discurso no me ayuda. Todo lo contrario. Me quita poder. Me hace pequeña. Me hace sufrir. Me genera frustración.
Además... aunque fuera miedo, ¿qué? ¿Por qué el miedo se debe eliminar? ¿Por qué no lo puedo aceptar? Yo tengo miedo a hacer paracaidismo y, por mucho que nadie me dijera lo feliz que iba a ser haciéndolo, no lo haría. Y deberían aceptar que el miedo me evite vivir una experiencia única. Ahora debo aceptar yo que el miedo (o lo que sea) le evite vivir una vida llena de amor.
Además... ¿por qué mi amor ha de ser bueno para ella? ¿Por qué me empeño en pensar que las dos juntas seríamos las personas más felices del universo? Quizás no sea así.
Ella ha decidido no seguir a mi lado. Ha decidido dejarme ir. Ha decidido eliminarme de su vida. Y debo aceptarlo y seguir hacia adelante. Sólo así podré encontrar a una persona que decida estar a mi lado, que apueste por mí y por nosotras, que sepa sorprenderme y amarme como deseo que me amen. Sólo así podré encontrar a la persona que desee recibir mi amor sin límites, que responda a mi intensidad, y que comparta conmigo esta locura del amor.
Ella no era esa persona y me empeñé en que lo fuera. Ella no quería serlo. Tengo que aceptarlo. Y tirar hacia adelante. Si quisiera serlo vendría a buscarme.
Ella me ha enseñado a saber lo que quiero. Me ha enseñado a ser fuerte, a ser independiente, a vivir sola, a no tener miedo de la soledad. Me ha enseñado a amarme, a ser más sociable, a estar orgullosa de mí. Ella me ha ayudado a ampliar mi círculo social. Me ha descubierto muchísimas cosas que desconocía. Me ha hecho crecer a todos los niveles, y por ello le estaré siempre agradecida.
Afirmo esto con total convicción pero, me conozco, y sé que a la mínima volverán a mí esos pensamientos recurrentes que tanto me torturan: "Sé que en el fondo me quiere, no entiendo porqué no vuelve a mí", "lo está pasando mal y me echa de menos, estoy convencida, tiene que darse cuenta de lo que siente y volver".
O seguro que, a la mínima, estaré buscando en internet artículos relacionados con los "twin flames / llamas gemelas" que tratan de dar explicación a este tipo de relaciones. Artículos que dicen que debo confiar en mi intuición, que las almas gemelas debemos evolucionar por separado antes de volver a reunirnos para vivir nuestra relación con la máxima plenitud, que debemos confiar en el "tiempo divino".
Pero lo importante en el fondo es que, sea o no cierto el tema de las almas gemelas, sea o no cierta mi intuición sobre su amor, lo único que puedo hacer para sanarme y seguir avanzando en mi camino es ACEPTAR la situación, ACEPTAR su rechazo y CONFIAR en el Universo. El tiempo me dará las respuestas. El tiempo hará que pueda compartir esas respuestas con vosotr@s.
La ACEPTACIÓN es la clave del crecimiento y del bienestar emocional. ACEPTAR, RENDIRSE Y CONFIAR. Nada más... y nada menos!
miércoles, 6 de junio de 2018
Los trenes de la vida...
Decidir separarse de la persona a la que amas no es fácil. Mantener el silencio con ella durante semanas es altamente difícil. Si alguien ha pasado por ello, ya sabéis a qué me refiero. Pero a veces, no hay otra opción. No queda más remedio que mantener las distancias.
El silencio, la distancia y el contacto cero es la única manera de sanarse tras vivir una relación desequilibrada. Una relación donde la comunicación es complicada porque las dos personas hablan diferentes idiomas. Donde, por mucho que le expliques cómo te sientes, la otra persona no quiere ni puede escucharte. Donde, cuando tú tienes claros tus sentimientos, tienes claro lo maravillosa que sería vuestra vida en común y, por supuesto, que quieres tirar hacia adelante la relación, sentirte parte de la vida de la otra persona, y vivir el presente con intensidad; la otra persona tan sólo es capaz de empujarte, y se esfuerza por mantener una distancia para que no te acerques demasiado, pero tampoco te acabes de ir. En estos casos, irse es la única salida.
Quedarse, mantenerse en esa distancia que la otra persona marca, donde no recibes los abrazos que deberías, ni las atenciones que deberías, ni los besos que anhelas, ni el respeto que mereces, porque la otra persona no te los da para "mantenerte a raya", tan sólo provoca un dolor infinito que te aboca al abismo más profundo. Sí, ese dolor se diluye en cuanto ella vuelve a acercarse a ti pero, en el momento en que "ha dado demasiado" y vuelve a establecer esa distancia para que "no te hagas ilusiones", el dolor vuelve.
Esta situación te hace vivir en un puro estado de sufrimiento, de frustración, de incomprensión, de ira, de rabia, de tristeza, de ansiedad... Y acabas olvidándote de ti, teniendo en todo momento presente a la otra persona. Esperando a "que reaccione", que se de cuenta de lo bien que estáis cuando estáis bien, que se "deje de tonterías" y se lance a ti sin red... Pero pasan los meses, y todo sigue igual. Siguen los "no te quieros" y siguen sus esfuerzos por demostrarte que son ciertos. Y tú no entiendes nada, porque SABES que no es cierto. Tienes total certeza sobre ello, pero ya no puedes hacer nada para cambiar la situación.
Pasan los días e intentas ignorar "sus desprecios", sabiendo que son fuente de sus miedos, y de sus inseguridades. Pasas los días intentando quedarte tan sólo con los maravillosos momentos compartidos, con intentar hacer que cada encuentro sea único... Buscando nuevos planes para hacer juntas, maneras de seducirla, de conquistarla, de que se de cuenta de lo grande que es la relación que tenéis... Pero nada... Sí, los momentos compartidos, en su mayoría, son maravillosos... Aunque percibes el miedo en su mirada, a pesar de no querer verlo. Ves su predisposición a mantener la distancia y a no dejar que "pases la barrera".
Los pocos amigos a los que confías tu situación (ya que sabes que la mayoría no la entenderán) te dicen que intentes "pasar" más de la otra persona, que vayas "a la tuya", que hagas tu vida... Pero cuando estás totalmente enamorada y, por circunstancias externas, sólo puedes compartir algunos momentos con ella a la semana y dormir junto a ella 8 días al mes (como mucho), esperas esos días como agua de mayo y los marcas en el calendario con un arco-iris de colores. ¡Tienes 22 días al mes para ver a tu familia, amigos y demás! ¡Esos 8 son sin duda para tu amor! Al menos, así vivo yo el amor. No lo sé vivir de otra manera. Y tampoco quiero aprender.
Cuando, después de 2 años, ves que la otra persona sigue sin estar dispuesta a compartir más parte de su vida contigo, cuando sigue insistiendo en mantenerte a raya, cuando te sigue "despreciando" verbalmente y con según qué actos para alejarte, no te queda otra salida que darle la razón, rendirte y bajarte definitivamente de un tren en el que no te están dejando viajar con total comodidad, porque la mayor parte del tiempo sientes que no quiere que compartáis el mismo vagón e incluso que estás viajando pegada a la puerta de salida y en cualquier momento te empujarán para que salgas.
Sé que muchos vivimos situaciones similares. Hay relaciones que son fáciles, donde todo fluye sin más. Pero hay otras en las que hay dificultades. Sea por el motivo que sea. Y cuando eso pasa, tienes que preguntarte qué te hace o qué te hará sentir mejor: Si estar en una situación donde tienes más momentos de soledad, frustración y dolor que momentos de plenitud; o prescindir de esos momentos de máxima alegría y felicidad; para así mejorar tu calidad de vida a nivel general y ganar estabilidad emocional.
Por muy duro, difícil, devastador y rompedor que sea, os aseguro que escogeros a vosotr@s por encima de esa otra persona, o por encima de una relación que está estancada, es mucho más gratificante y empoderador. También os digo que debéis esperar a sentir que es el momento. Sentir que habéis hecho todo lo posible para que la otra persona reaccionara, que le habéis abierto vuestro corazón de par en par sin miedos y exponiéndole vuestros sentimientos con toda la honestidad posible, y que habéis vivido junto a la otra persona todo lo que os habéis permitido vivir hasta ese instante, disfrutando al máximo de esos momentos.
Cuando os sintáis preparados para ello, es el momento de preguntarle definitivamente si realmente quiere que bajéis de su tren "para siempre", de decirle que ya os ha empujado demasiado, y no podéis manteneros más ahí, a su merced, para que tan sólo os deje compartir vagón y viaje cuando le apetezca y, el resto del tiempo, os haga salir sin escrúpulos. Y, si no es capaz de deciros que no pero tampoco os quiere coger de la mano para compartir el viaje, si responde diciendo que quiere continuar así, lo mejor que podéis hacer es bajaros de ese tren.
Si alguien no nos escoge, debemos escogernos nosotros. Que la otra persona nos escoja o no pasado un tiempo, no dependerá ya de nosotros, sino de ella. Ya le hemos enseñado gran parte de lo que somos, ya le hemos abierto nuestro corazón. Ahora es su turno. No digo que les cerréis totalmente la puerta, simplemente que os bajéis del tren. Si ella realmente quiere que estéis en su vida, bajará a buscaros y os tenderá la mano. Si no, ya pasará otro tren... Pero en ese momento toca viajar un tiempo en solitario y sanar las heridas que ha provocado esa relación.
Una relación plena es aquella en la que las dos personas viajan en el mismo tren, en la misma dirección, hacia el mismo destino. Sí, a ratos pueden compartir vagón, a ratos pueden viajar en vagones diferentes, compartiendo momentos y vivencias con otras personas, pero sabiendo que las dos personas pertenecen al mismo vagón.
En una relación plena las dos personas se cuidan mútuamente. Hay complicidad, respeto y amor profundo. La una responde a las demandas emocionales de la otra, los sentimientos de cada una de ellas importan de igual manera. Hay intimidad, confianza, muestras de afecto, cariño y palabras bonitas... Abrazos, besos y gestos llenos de complicidad. Hay sexo. Hay ganas de estar juntas, y de compartir muchas vivencias y muchos momentos, tanto buenos como malos. Diálogo constante y honestidad. Hay pasión. Hay sorpresa. Hay AMOR. Son las mejores amigas y las mejores amantes.
Yo no quiero una relación que no sea así. Lo tengo más que claro. Por ese motivo, he descubierto que estoy mejor sola que con alguien que me hace sentir sola. Aunque haya perdido los pocos grandes momentos que compartíamos, he ganado muchos más pequeños momentos. He ganado paz y tranquilidad. Y, por encima de todo, la he perdido a ella, pero me he recuperado a mí.
Si lo que leéis os resuena. Si estáis viviendo una relación que os hace sentir más frustración que felicidad, daros tiempo pero planteaos que vosotr@s decidís cómo queréis vivir vuestra vida. Pensad qué queréis de una relación y si la otra persona no está dispuesta a daroslo, pensad que quizás lo mejor será dejarla ir.
No pasa nada por estar solo. Es todo un aprendizaje. Te haces fuerte, valiente, independiente. Te conoces. Aprendes lo que quieres y lo que no. Aprendes a cuidarte, a darte mimos, y a respetarte.
Ah! y sobre todo! Con este artículo para nada es mi intención "culpar" a la otra persona. La sigo amando por encima de todo. Ninguna de las dos es "culpable" de nada. Simplemente, nuestras prioridades o necesidades en este momento del camino no son las mismas.
Yo tengo claro que prefiero vivir en pareja (sea conviviendo físicamente o no) pero, también tengo claro que la persona que esté a mi lado ha de querer compartir conmigo una relación plena tal y como yo la entiendo. No me conformaré con menos. Ya no.
También tengo claro que confío en el universo, en el tiempo divino... y que esa persona, sea la que ahora mismo me gustaría que fuera, o sea otra, llegará a mi vida. Porque si deseamos alguna cosa tanto, con tanta ánsia y seguridad de que eso existe, es porque eso es para nosotros. Sin duda alguna. Así que CONFÍO PLENAMENTE y, mientras llega, intentaré disfrutar y aprender del camino.
El silencio, la distancia y el contacto cero es la única manera de sanarse tras vivir una relación desequilibrada. Una relación donde la comunicación es complicada porque las dos personas hablan diferentes idiomas. Donde, por mucho que le expliques cómo te sientes, la otra persona no quiere ni puede escucharte. Donde, cuando tú tienes claros tus sentimientos, tienes claro lo maravillosa que sería vuestra vida en común y, por supuesto, que quieres tirar hacia adelante la relación, sentirte parte de la vida de la otra persona, y vivir el presente con intensidad; la otra persona tan sólo es capaz de empujarte, y se esfuerza por mantener una distancia para que no te acerques demasiado, pero tampoco te acabes de ir. En estos casos, irse es la única salida.
Quedarse, mantenerse en esa distancia que la otra persona marca, donde no recibes los abrazos que deberías, ni las atenciones que deberías, ni los besos que anhelas, ni el respeto que mereces, porque la otra persona no te los da para "mantenerte a raya", tan sólo provoca un dolor infinito que te aboca al abismo más profundo. Sí, ese dolor se diluye en cuanto ella vuelve a acercarse a ti pero, en el momento en que "ha dado demasiado" y vuelve a establecer esa distancia para que "no te hagas ilusiones", el dolor vuelve.
Esta situación te hace vivir en un puro estado de sufrimiento, de frustración, de incomprensión, de ira, de rabia, de tristeza, de ansiedad... Y acabas olvidándote de ti, teniendo en todo momento presente a la otra persona. Esperando a "que reaccione", que se de cuenta de lo bien que estáis cuando estáis bien, que se "deje de tonterías" y se lance a ti sin red... Pero pasan los meses, y todo sigue igual. Siguen los "no te quieros" y siguen sus esfuerzos por demostrarte que son ciertos. Y tú no entiendes nada, porque SABES que no es cierto. Tienes total certeza sobre ello, pero ya no puedes hacer nada para cambiar la situación.
Pasan los días e intentas ignorar "sus desprecios", sabiendo que son fuente de sus miedos, y de sus inseguridades. Pasas los días intentando quedarte tan sólo con los maravillosos momentos compartidos, con intentar hacer que cada encuentro sea único... Buscando nuevos planes para hacer juntas, maneras de seducirla, de conquistarla, de que se de cuenta de lo grande que es la relación que tenéis... Pero nada... Sí, los momentos compartidos, en su mayoría, son maravillosos... Aunque percibes el miedo en su mirada, a pesar de no querer verlo. Ves su predisposición a mantener la distancia y a no dejar que "pases la barrera".
Los pocos amigos a los que confías tu situación (ya que sabes que la mayoría no la entenderán) te dicen que intentes "pasar" más de la otra persona, que vayas "a la tuya", que hagas tu vida... Pero cuando estás totalmente enamorada y, por circunstancias externas, sólo puedes compartir algunos momentos con ella a la semana y dormir junto a ella 8 días al mes (como mucho), esperas esos días como agua de mayo y los marcas en el calendario con un arco-iris de colores. ¡Tienes 22 días al mes para ver a tu familia, amigos y demás! ¡Esos 8 son sin duda para tu amor! Al menos, así vivo yo el amor. No lo sé vivir de otra manera. Y tampoco quiero aprender.
Cuando, después de 2 años, ves que la otra persona sigue sin estar dispuesta a compartir más parte de su vida contigo, cuando sigue insistiendo en mantenerte a raya, cuando te sigue "despreciando" verbalmente y con según qué actos para alejarte, no te queda otra salida que darle la razón, rendirte y bajarte definitivamente de un tren en el que no te están dejando viajar con total comodidad, porque la mayor parte del tiempo sientes que no quiere que compartáis el mismo vagón e incluso que estás viajando pegada a la puerta de salida y en cualquier momento te empujarán para que salgas.
Sé que muchos vivimos situaciones similares. Hay relaciones que son fáciles, donde todo fluye sin más. Pero hay otras en las que hay dificultades. Sea por el motivo que sea. Y cuando eso pasa, tienes que preguntarte qué te hace o qué te hará sentir mejor: Si estar en una situación donde tienes más momentos de soledad, frustración y dolor que momentos de plenitud; o prescindir de esos momentos de máxima alegría y felicidad; para así mejorar tu calidad de vida a nivel general y ganar estabilidad emocional.
Por muy duro, difícil, devastador y rompedor que sea, os aseguro que escogeros a vosotr@s por encima de esa otra persona, o por encima de una relación que está estancada, es mucho más gratificante y empoderador. También os digo que debéis esperar a sentir que es el momento. Sentir que habéis hecho todo lo posible para que la otra persona reaccionara, que le habéis abierto vuestro corazón de par en par sin miedos y exponiéndole vuestros sentimientos con toda la honestidad posible, y que habéis vivido junto a la otra persona todo lo que os habéis permitido vivir hasta ese instante, disfrutando al máximo de esos momentos.
Cuando os sintáis preparados para ello, es el momento de preguntarle definitivamente si realmente quiere que bajéis de su tren "para siempre", de decirle que ya os ha empujado demasiado, y no podéis manteneros más ahí, a su merced, para que tan sólo os deje compartir vagón y viaje cuando le apetezca y, el resto del tiempo, os haga salir sin escrúpulos. Y, si no es capaz de deciros que no pero tampoco os quiere coger de la mano para compartir el viaje, si responde diciendo que quiere continuar así, lo mejor que podéis hacer es bajaros de ese tren.
Si alguien no nos escoge, debemos escogernos nosotros. Que la otra persona nos escoja o no pasado un tiempo, no dependerá ya de nosotros, sino de ella. Ya le hemos enseñado gran parte de lo que somos, ya le hemos abierto nuestro corazón. Ahora es su turno. No digo que les cerréis totalmente la puerta, simplemente que os bajéis del tren. Si ella realmente quiere que estéis en su vida, bajará a buscaros y os tenderá la mano. Si no, ya pasará otro tren... Pero en ese momento toca viajar un tiempo en solitario y sanar las heridas que ha provocado esa relación.
Una relación plena es aquella en la que las dos personas viajan en el mismo tren, en la misma dirección, hacia el mismo destino. Sí, a ratos pueden compartir vagón, a ratos pueden viajar en vagones diferentes, compartiendo momentos y vivencias con otras personas, pero sabiendo que las dos personas pertenecen al mismo vagón.
En una relación plena las dos personas se cuidan mútuamente. Hay complicidad, respeto y amor profundo. La una responde a las demandas emocionales de la otra, los sentimientos de cada una de ellas importan de igual manera. Hay intimidad, confianza, muestras de afecto, cariño y palabras bonitas... Abrazos, besos y gestos llenos de complicidad. Hay sexo. Hay ganas de estar juntas, y de compartir muchas vivencias y muchos momentos, tanto buenos como malos. Diálogo constante y honestidad. Hay pasión. Hay sorpresa. Hay AMOR. Son las mejores amigas y las mejores amantes.
Yo no quiero una relación que no sea así. Lo tengo más que claro. Por ese motivo, he descubierto que estoy mejor sola que con alguien que me hace sentir sola. Aunque haya perdido los pocos grandes momentos que compartíamos, he ganado muchos más pequeños momentos. He ganado paz y tranquilidad. Y, por encima de todo, la he perdido a ella, pero me he recuperado a mí.
Si lo que leéis os resuena. Si estáis viviendo una relación que os hace sentir más frustración que felicidad, daros tiempo pero planteaos que vosotr@s decidís cómo queréis vivir vuestra vida. Pensad qué queréis de una relación y si la otra persona no está dispuesta a daroslo, pensad que quizás lo mejor será dejarla ir.
No pasa nada por estar solo. Es todo un aprendizaje. Te haces fuerte, valiente, independiente. Te conoces. Aprendes lo que quieres y lo que no. Aprendes a cuidarte, a darte mimos, y a respetarte.
Ah! y sobre todo! Con este artículo para nada es mi intención "culpar" a la otra persona. La sigo amando por encima de todo. Ninguna de las dos es "culpable" de nada. Simplemente, nuestras prioridades o necesidades en este momento del camino no son las mismas.
Yo tengo claro que prefiero vivir en pareja (sea conviviendo físicamente o no) pero, también tengo claro que la persona que esté a mi lado ha de querer compartir conmigo una relación plena tal y como yo la entiendo. No me conformaré con menos. Ya no.
También tengo claro que confío en el universo, en el tiempo divino... y que esa persona, sea la que ahora mismo me gustaría que fuera, o sea otra, llegará a mi vida. Porque si deseamos alguna cosa tanto, con tanta ánsia y seguridad de que eso existe, es porque eso es para nosotros. Sin duda alguna. Así que CONFÍO PLENAMENTE y, mientras llega, intentaré disfrutar y aprender del camino.
martes, 1 de mayo de 2018
Sobre las almas gemelas...
El mundo está hecho de valientes y de cobardes. De personas conscientes y de personas inconscientes. De ilusos y de incrédulos. De entusiastas y de apáticos. Del ying y del yang. Masculino y femenino. Dos caras de la misma moneda. La base está en el equilibrio.
¿Tú qué eres? ¿Y cómo crees que te ven los demás? ¿Te ven como eres o como crees que eres? ¿O crees que te ven como te crees que eres?
Complicada enmaraña. Hace muchos años, como 25 o más, una persona me dijo que yo era una persona sensible y observadora. Nunca me hubiera descrito así a mí misma. Con el paso del tiempo descubrí que era así. Que alguien a quien apenas conocía había descubierto de mí cosas que yo no sabía. Curioso.
Desde fuera ven cosas que tú no eres capaz de ver. De la misma manera que dentro tienes cosas que nunca muestras fuera... o intentas no mostrar.
Últimamente llegan a mí numerosos artículos, libros y textos sobre las "almas gemelas". En inglés llamadas "twin flames". No es lo mismo un "twin flame" que un "soul mate". Un "soul mate" es un compañer@ de vida. Alguien con quien conectas intensamente, con quien has coincidido en otras vidas y es muy importante para ti, pudiendo llegar a ser tu pareja. Pero un alma gemela es diferente. Un alma gemela es una persona reflejada en otra. Compañeros de vida podemos tener muchos pero, según dicen, almas gemelas, tan sólo tenemos una.
Según he leido, un alma gemela es esa persona que te hace sentir cosas que nunca has sentido antes. Que al conocerla sientes como si ya la conocieras de toda la vida, conectas al instante con ella. Esa persona que cambia tu vida de arriba a abajo, que te hace sentir que, aún manteniendo vuestra total autonomía y siendo totalmente independientes, sois una. Es difícil de explicar, pero al leer sobre almas gemelas veo reflejada mi relación con una persona.
Dicen que las almas gemelas tienen relaciones complicadas porque una se refleja en la otra y le hace ver todo lo que no quiere ver en ella. Por eso se atraen tan intensamente.
Dicen también que en las almas gemelas una desarrolla el papel de "corredor" y la otra es el "cazador". El cazador tiene claro lo que siente, tiene extrañamente claro que quiere vivir una vida junto al corredor, pero éste no hace más que alejarse de él.
Dicen que el corredor tiene un miedo atroz a sentirse amado y que por eso huye y actúa con frialdad y sus palabras y actos pueden herir sobremanera al cazador. Pero dicen que, en el fondo, ambos sienten el mismo amor puro, pero el corredor no es capaz de reconocerlo.
Dicen que normalmente el cazador se cansa de ir tras el corredor y se rinde. Y llega el tiempo de separación. Dicen que, en el fondo, ni corredor ni cazador están preparados para, en ese momento, tener la relación sublime que las almas gemelas están destinadas vivir. Dicen que hasta que ambos no están preparados, esto no sucede.
Dicen que, durante el periodo de separación, el cazador tiene que aprender a quererse a sí mismo, tiene que hacer un trabajo interior muy importante. Eliminar la co-dependencia, hacerse libre y totalmente independiente.
Dicen también que, dado que ambas almas están unidas a nivel espiritual inexorablemente, los cambios en una de ellas afectan a la otra y, cuanto antes y mejor evolucione el cazador, antes el corredor volverá a él.
Pero, aquí llegan las contradicciones... Hay artículos que dicen que hay almas gemelas que no llegan a vivir la plenitud de su relación en esta vida. En cambio hay muchos otros que aseguran que las almas gemelas están hechas para estar juntas y que, con el tiempo, si el cazador hace su trabajo interior, el corredor no tendrá otro camino que volver a él y, cuando eso pasa, la unión de ambos es extremadamente intensa, especial y única.
Dicen que las almas gemelas iluminan a todo aquel que les rodea que, cuando están juntos en su máximo esplendor, reconociendo el amor que existe entre ambos y viviéndolo en plenitud, hacen que el mundo sea mejor porque su felicidad es contagiosa. Hacen más felices a todos aquellos que les rodean: amigos, familias, compañeros de trabajo... Porque irradian luz.
Y, no sé por qué, pero todo esto resuena totalmente en mí. Quizás porque me interesa creer en ellas... Quizás porque sea real...
En todo caso, desde hace un mes me siento como el cazador en tiempo de espera. Siento que yo soy mi prioridad, que debo escucharme, quererme y mimarme. A mí, por encima de todas las cosas. Creo que, independientemente de que crea en el tema de las almas gemelas o no lo haga, y del hecho de que, si fuera así, sepa quién es la mía, practicar el amor propio siempre es bueno. En eso estamos.
¿Tú qué eres? ¿Y cómo crees que te ven los demás? ¿Te ven como eres o como crees que eres? ¿O crees que te ven como te crees que eres?
Complicada enmaraña. Hace muchos años, como 25 o más, una persona me dijo que yo era una persona sensible y observadora. Nunca me hubiera descrito así a mí misma. Con el paso del tiempo descubrí que era así. Que alguien a quien apenas conocía había descubierto de mí cosas que yo no sabía. Curioso.
Desde fuera ven cosas que tú no eres capaz de ver. De la misma manera que dentro tienes cosas que nunca muestras fuera... o intentas no mostrar.
Últimamente llegan a mí numerosos artículos, libros y textos sobre las "almas gemelas". En inglés llamadas "twin flames". No es lo mismo un "twin flame" que un "soul mate". Un "soul mate" es un compañer@ de vida. Alguien con quien conectas intensamente, con quien has coincidido en otras vidas y es muy importante para ti, pudiendo llegar a ser tu pareja. Pero un alma gemela es diferente. Un alma gemela es una persona reflejada en otra. Compañeros de vida podemos tener muchos pero, según dicen, almas gemelas, tan sólo tenemos una.
Según he leido, un alma gemela es esa persona que te hace sentir cosas que nunca has sentido antes. Que al conocerla sientes como si ya la conocieras de toda la vida, conectas al instante con ella. Esa persona que cambia tu vida de arriba a abajo, que te hace sentir que, aún manteniendo vuestra total autonomía y siendo totalmente independientes, sois una. Es difícil de explicar, pero al leer sobre almas gemelas veo reflejada mi relación con una persona.
Dicen que las almas gemelas tienen relaciones complicadas porque una se refleja en la otra y le hace ver todo lo que no quiere ver en ella. Por eso se atraen tan intensamente.
Dicen también que en las almas gemelas una desarrolla el papel de "corredor" y la otra es el "cazador". El cazador tiene claro lo que siente, tiene extrañamente claro que quiere vivir una vida junto al corredor, pero éste no hace más que alejarse de él.
Dicen que el corredor tiene un miedo atroz a sentirse amado y que por eso huye y actúa con frialdad y sus palabras y actos pueden herir sobremanera al cazador. Pero dicen que, en el fondo, ambos sienten el mismo amor puro, pero el corredor no es capaz de reconocerlo.
Dicen que normalmente el cazador se cansa de ir tras el corredor y se rinde. Y llega el tiempo de separación. Dicen que, en el fondo, ni corredor ni cazador están preparados para, en ese momento, tener la relación sublime que las almas gemelas están destinadas vivir. Dicen que hasta que ambos no están preparados, esto no sucede.
Dicen que, durante el periodo de separación, el cazador tiene que aprender a quererse a sí mismo, tiene que hacer un trabajo interior muy importante. Eliminar la co-dependencia, hacerse libre y totalmente independiente.
Dicen también que, dado que ambas almas están unidas a nivel espiritual inexorablemente, los cambios en una de ellas afectan a la otra y, cuanto antes y mejor evolucione el cazador, antes el corredor volverá a él.
Pero, aquí llegan las contradicciones... Hay artículos que dicen que hay almas gemelas que no llegan a vivir la plenitud de su relación en esta vida. En cambio hay muchos otros que aseguran que las almas gemelas están hechas para estar juntas y que, con el tiempo, si el cazador hace su trabajo interior, el corredor no tendrá otro camino que volver a él y, cuando eso pasa, la unión de ambos es extremadamente intensa, especial y única.
Dicen que las almas gemelas iluminan a todo aquel que les rodea que, cuando están juntos en su máximo esplendor, reconociendo el amor que existe entre ambos y viviéndolo en plenitud, hacen que el mundo sea mejor porque su felicidad es contagiosa. Hacen más felices a todos aquellos que les rodean: amigos, familias, compañeros de trabajo... Porque irradian luz.
Y, no sé por qué, pero todo esto resuena totalmente en mí. Quizás porque me interesa creer en ellas... Quizás porque sea real...
En todo caso, desde hace un mes me siento como el cazador en tiempo de espera. Siento que yo soy mi prioridad, que debo escucharme, quererme y mimarme. A mí, por encima de todas las cosas. Creo que, independientemente de que crea en el tema de las almas gemelas o no lo haga, y del hecho de que, si fuera así, sepa quién es la mía, practicar el amor propio siempre es bueno. En eso estamos.
miércoles, 2 de noviembre de 2016
Sobre tener cariño y decir “te quiero”
El pasado lunes en el extra-comentado concierto ‘OT El Reencuentro’ en el Palau Sant Jordi de Barcelona, David Bisbal le decía a Chenoa “siempre te he tenido mucho cariño, y te tengo y te tendrá”. En cambio, Chenoa momentos después le dijo “te quiero mucho y lo sabes”.
Me recordó a mi actual situación. Yo no tengo problema en decir “te quiero” a la persona que amo; pero ella, no pasa de decir “te tengo cariño” porque, según afirma constantemente “no me quiere”.
Y yo me pregunto ¿cómo puedes no querer a alguien que te hace enloquecer? ¿que es tu amiga? ¿con la que llevas trabajando tres años y compartiendo innumerables momentos de complicidad? Es imposible. El “problema” es que a según qué personas les cuesta muchísimo decir “te quiero”. Según ella, porque la persona que se lo decía hasta la saciedad anteriormente vació su significado. ¿Y qué? ¡Vuélvelo a llenar! Si todos tuviéramos tan en cuenta las cosas que la gente que queremos y/o que nos rodea hace y/o dice, acabaríamos llenos de dolor por resentimiento. Nadie es perfecto. No somos perfectos. Decimos cosas que con el tiempo pierden su significado, pero lo que importa es el ahora. Empezar siempre de cero, no vivir lleno de rencor o con las heridas a flor de piel.
No pasa nada por decir Te Quiero. No implica nada más que ser agradecido, que demostrar tus sentimientos, que abrir tu corazón. ¿O eso es demasiado? No pasa nada por decir Te Amo. El Amor no es exclusivo. No pertenece tan sólo a una persona, a una pareja. Pertenece al mundo. Sentir amor, reconocerlo y expandirlo nos hace grandes. Venimos a este mundo para Amar. No hay nada más bello que el Amor. El Amor puro, sin condiciones, el que ofrece libertad.
Tampoco pasa nada por decir Te Quiero a un ex. Si lo has querido, lo sigues queriendo. Como quieres a tu familia, a tus amigos, a tus mascotas… Los ex son personas que han formado una parte muy importante de tu vida, porque te han aportado muchas cosas buenas, y siempre formarán parte de ti en mayor o menor medida. Así que es normal quererlos. No entiendo la manía que tiene la gente, afirmando que debes mantener las distancias con ell@s, como si los tuvieras que odiar. Cuando explicas que tú y tu ex sois amigos, te miran como un bicho raro. “No es posible!” “Eso no es sano!”. Claro! Es mucho más sano odiar a la persona con la que has convivido durante los últimos años y dejar de dirigirle la palabra… No entiendo este tipo de “normas”.
Yo os animo a decir “te quiero” diariamente a todos aquellas personas que queréis, que os hacen sacar una sonrisa cada día, que os alegran el corazón, que os aportan felicidad, o conocimiento, o grandes momentos! Un “te quiero” sincero, mirándose a los ojos, no tiene precio.
La vida es efímera. Estamos aquí de paso, y no vale la pena guardarse cosas bonitas, no vale la pena tener miedo a Amar por no sufrir. El Amor no es sufrimiento, el amor es gozo. La posesión es sufrimiento. Si Amas, otorgas libertad.
Tenemos muchos miedos, y el miedo es lo contrario al Amor. Así que AMEMOS, digamos “TE QUIERO” y “TE AMO” sin medida. Sonriamos, abracemos, besemos… Hoy lo podemos hacer… mañana, quién sabe dónde estaremos.
Me recordó a mi actual situación. Yo no tengo problema en decir “te quiero” a la persona que amo; pero ella, no pasa de decir “te tengo cariño” porque, según afirma constantemente “no me quiere”.
Y yo me pregunto ¿cómo puedes no querer a alguien que te hace enloquecer? ¿que es tu amiga? ¿con la que llevas trabajando tres años y compartiendo innumerables momentos de complicidad? Es imposible. El “problema” es que a según qué personas les cuesta muchísimo decir “te quiero”. Según ella, porque la persona que se lo decía hasta la saciedad anteriormente vació su significado. ¿Y qué? ¡Vuélvelo a llenar! Si todos tuviéramos tan en cuenta las cosas que la gente que queremos y/o que nos rodea hace y/o dice, acabaríamos llenos de dolor por resentimiento. Nadie es perfecto. No somos perfectos. Decimos cosas que con el tiempo pierden su significado, pero lo que importa es el ahora. Empezar siempre de cero, no vivir lleno de rencor o con las heridas a flor de piel.
No pasa nada por decir Te Quiero. No implica nada más que ser agradecido, que demostrar tus sentimientos, que abrir tu corazón. ¿O eso es demasiado? No pasa nada por decir Te Amo. El Amor no es exclusivo. No pertenece tan sólo a una persona, a una pareja. Pertenece al mundo. Sentir amor, reconocerlo y expandirlo nos hace grandes. Venimos a este mundo para Amar. No hay nada más bello que el Amor. El Amor puro, sin condiciones, el que ofrece libertad.
Tampoco pasa nada por decir Te Quiero a un ex. Si lo has querido, lo sigues queriendo. Como quieres a tu familia, a tus amigos, a tus mascotas… Los ex son personas que han formado una parte muy importante de tu vida, porque te han aportado muchas cosas buenas, y siempre formarán parte de ti en mayor o menor medida. Así que es normal quererlos. No entiendo la manía que tiene la gente, afirmando que debes mantener las distancias con ell@s, como si los tuvieras que odiar. Cuando explicas que tú y tu ex sois amigos, te miran como un bicho raro. “No es posible!” “Eso no es sano!”. Claro! Es mucho más sano odiar a la persona con la que has convivido durante los últimos años y dejar de dirigirle la palabra… No entiendo este tipo de “normas”.
Yo os animo a decir “te quiero” diariamente a todos aquellas personas que queréis, que os hacen sacar una sonrisa cada día, que os alegran el corazón, que os aportan felicidad, o conocimiento, o grandes momentos! Un “te quiero” sincero, mirándose a los ojos, no tiene precio.
La vida es efímera. Estamos aquí de paso, y no vale la pena guardarse cosas bonitas, no vale la pena tener miedo a Amar por no sufrir. El Amor no es sufrimiento, el amor es gozo. La posesión es sufrimiento. Si Amas, otorgas libertad.
Tenemos muchos miedos, y el miedo es lo contrario al Amor. Así que AMEMOS, digamos “TE QUIERO” y “TE AMO” sin medida. Sonriamos, abracemos, besemos… Hoy lo podemos hacer… mañana, quién sabe dónde estaremos.
miércoles, 3 de agosto de 2016
Sobre la conexión...
"Deberías ir a un psicólogo, porque no estás bien". Este es el consejo que acabo de recibir de una amiga. No estoy de acuerdo con ella. Estoy viviendo un proceso que podría definir como "caótico a nivel emocional" que debe desarrollarse, evolucionar y, con el tiempo, todo se pondrá en su sitio.
Creo que esta idea que tenemos, o que nuestro alrededor nos impone, sobre el hecho de que "hay algo mal en nosotros" y "tenemos que corregirlo" es totalmente errónea. Tenemos que aceptarnos tal y como somos y, principalmente, tenemos que querernos tal y como somos.
Sí que pienso que es súper importante que nos intentemos conocer a nosotros mismos, que seamos conscientes de las cosas que nos pasan y porqué nos pasan. Que no culpabilicemos a los demás como responsables de nuestra situación, sino que asumamos nuestra propia responsabilidad ante todo lo que vivimos. Pero sin pasar al otro extremo de "culpabilizarnos" nosotros mismos por todo lo que nos pasa, ni al de asumir el rol de "víctima". No es fácil.
Para mí no es fácil mantener el equilibrio entre el respeto a mí misma y el hecho de comprender todos los actos de los demás. Desde el punto de vista de que puedo ponerme de tal manera en la piel de la otra persona, que entiendo sus actos aún y cuando éstos me hacen daño a nivel emocional. Los comprendo y los intento ignorar. Y creo que esto es un error porque, aún y comprendiéndolos, debería marcar mis límites y no permitir según qué actos o actitudes que me causan dolor. Esto es el amor propio. Esto es la auto-estima. Si tú te quieres, no permites ciertas cosas, porque te priorizas a ti mismo y, desde un lugar amoroso, hablas con claridad y te respetas, que es lo primero que hay que hacer para que los demás te respeten.
Estos últimos meses he utilizado mucho la palabra "conexión". Hasta ahora no la había utilizado demasiado. Quizás porque en mi relación de pareja anterior nunca había percibido una falta de conexión, quizás porque no era consciente de lo que significaba, quizás porque la conexión estaba implícita.
La cuestión es que en los últimos meses he estado repitiendo constantemente a mi amor que notaba escandalosamente cómo y cuando "desconectaba" de mí, pero creo que no lo entendía. Yo percibía y explicaba esta "desconexión", pero es algo que nunca había contrastado con nadie y que nadie me había dicho "a mí me pasa igual". Hasta ayer. Ayer leí el último artículo del blog de mi querida Teal Swan y explicaba justamente esto. Detallaba exactamente lo que yo he sentido estos meses de tanto en tanto y que no entendía. Nuevamente Teal me sorprendió agradablemente. Sí! No soy tan extraña! Esto es lo que a mí me pasa!
Voy a traducir lo que cuenta Teal sobre su marido, Ale: "Ale ya se ha levantado de la cama. Puedo escuchar el spray de su crema de afeitado y la navaja contra su barba. Está desconectado de mí esta mañana, ya inmerso en el día que tiene por delante. Puedo sentir cómo los celos se apoderan de mí. Esos difusos celos que son el resultado de perder mi conexión con él por su vida de California en lugar de por otra persona. Su preocupación crea un tipo de realidad dual no intencional. Estamos en la misma habitación de hotel, pero nuestra consciencia no está unida. La mía está en un lugar y la suya en otra. El blanco de la cama hace que la soledad sea peor. Parece un castigo. Empiezo a sentir un vacío que duele y quiere gritar a través de mi estómago y mi pecho. Un ataque de pánico. Esta experiencia ha despertado algo en mí.
[...] Ale no tiene ni idéa de lo que me pasa. Piensa que sigo durmiendo. Si lo supiera, estaría confundido. Después de todo, no ha hecho nada malo. Él no ve ni siente la desconexión a nivel consciente. No ve ni siente como la absorción en su propia realidad borra la cercanía entre nosotros. No experimenta el dolor como yo lo hago, en el aislamiento que provoca estar en dos realidades diferentes en la misma habitación. No se lo quiero decir."
Teal relaciona esta horrorosa sensación de ansiedad causada por la desconexión con la que sintió cuando niña, cuando sus padres no "conectaban" con ella ni con sus necesidades reales. Es similar a lo que explica Krishnananda en su libro 'De la Codependencia a la Libertad'. Nuestros "problemas" en las relaciones personales sacan a la luz las necesidades de nuestro niño interior, al que debemos sanar.
Es curioso cómo cuando lees o escuchas algo que a ti también te pasa, te sientes menos extraña, más cómoda, más confortable contigo misma. Más segura.
El primer paso para sanarnos, para evitar repetir patrones relacionales y evitar sentir el mismo dolor, es ser consciente de lo que nos pasa. Eso ya es mucho!
En fin, que las relaciones no son fáciles... o sí! En todo caso, todo es un proceso que debemos vivir y disfrutar de alguna manera, aunque parezca inverosímil. Se trata de aprender, evolucionar, y ser feliz a cada instante disfrutando de las pequeñas cosas.
Creo que esta idea que tenemos, o que nuestro alrededor nos impone, sobre el hecho de que "hay algo mal en nosotros" y "tenemos que corregirlo" es totalmente errónea. Tenemos que aceptarnos tal y como somos y, principalmente, tenemos que querernos tal y como somos.
Sí que pienso que es súper importante que nos intentemos conocer a nosotros mismos, que seamos conscientes de las cosas que nos pasan y porqué nos pasan. Que no culpabilicemos a los demás como responsables de nuestra situación, sino que asumamos nuestra propia responsabilidad ante todo lo que vivimos. Pero sin pasar al otro extremo de "culpabilizarnos" nosotros mismos por todo lo que nos pasa, ni al de asumir el rol de "víctima". No es fácil.
Para mí no es fácil mantener el equilibrio entre el respeto a mí misma y el hecho de comprender todos los actos de los demás. Desde el punto de vista de que puedo ponerme de tal manera en la piel de la otra persona, que entiendo sus actos aún y cuando éstos me hacen daño a nivel emocional. Los comprendo y los intento ignorar. Y creo que esto es un error porque, aún y comprendiéndolos, debería marcar mis límites y no permitir según qué actos o actitudes que me causan dolor. Esto es el amor propio. Esto es la auto-estima. Si tú te quieres, no permites ciertas cosas, porque te priorizas a ti mismo y, desde un lugar amoroso, hablas con claridad y te respetas, que es lo primero que hay que hacer para que los demás te respeten.
Estos últimos meses he utilizado mucho la palabra "conexión". Hasta ahora no la había utilizado demasiado. Quizás porque en mi relación de pareja anterior nunca había percibido una falta de conexión, quizás porque no era consciente de lo que significaba, quizás porque la conexión estaba implícita.
La cuestión es que en los últimos meses he estado repitiendo constantemente a mi amor que notaba escandalosamente cómo y cuando "desconectaba" de mí, pero creo que no lo entendía. Yo percibía y explicaba esta "desconexión", pero es algo que nunca había contrastado con nadie y que nadie me había dicho "a mí me pasa igual". Hasta ayer. Ayer leí el último artículo del blog de mi querida Teal Swan y explicaba justamente esto. Detallaba exactamente lo que yo he sentido estos meses de tanto en tanto y que no entendía. Nuevamente Teal me sorprendió agradablemente. Sí! No soy tan extraña! Esto es lo que a mí me pasa!
Voy a traducir lo que cuenta Teal sobre su marido, Ale: "Ale ya se ha levantado de la cama. Puedo escuchar el spray de su crema de afeitado y la navaja contra su barba. Está desconectado de mí esta mañana, ya inmerso en el día que tiene por delante. Puedo sentir cómo los celos se apoderan de mí. Esos difusos celos que son el resultado de perder mi conexión con él por su vida de California en lugar de por otra persona. Su preocupación crea un tipo de realidad dual no intencional. Estamos en la misma habitación de hotel, pero nuestra consciencia no está unida. La mía está en un lugar y la suya en otra. El blanco de la cama hace que la soledad sea peor. Parece un castigo. Empiezo a sentir un vacío que duele y quiere gritar a través de mi estómago y mi pecho. Un ataque de pánico. Esta experiencia ha despertado algo en mí.
[...] Ale no tiene ni idéa de lo que me pasa. Piensa que sigo durmiendo. Si lo supiera, estaría confundido. Después de todo, no ha hecho nada malo. Él no ve ni siente la desconexión a nivel consciente. No ve ni siente como la absorción en su propia realidad borra la cercanía entre nosotros. No experimenta el dolor como yo lo hago, en el aislamiento que provoca estar en dos realidades diferentes en la misma habitación. No se lo quiero decir."
Teal relaciona esta horrorosa sensación de ansiedad causada por la desconexión con la que sintió cuando niña, cuando sus padres no "conectaban" con ella ni con sus necesidades reales. Es similar a lo que explica Krishnananda en su libro 'De la Codependencia a la Libertad'. Nuestros "problemas" en las relaciones personales sacan a la luz las necesidades de nuestro niño interior, al que debemos sanar.
Es curioso cómo cuando lees o escuchas algo que a ti también te pasa, te sientes menos extraña, más cómoda, más confortable contigo misma. Más segura.
El primer paso para sanarnos, para evitar repetir patrones relacionales y evitar sentir el mismo dolor, es ser consciente de lo que nos pasa. Eso ya es mucho!
En fin, que las relaciones no son fáciles... o sí! En todo caso, todo es un proceso que debemos vivir y disfrutar de alguna manera, aunque parezca inverosímil. Se trata de aprender, evolucionar, y ser feliz a cada instante disfrutando de las pequeñas cosas.
jueves, 16 de junio de 2016
Sobre las contradicciones de la vida y de la espiritualidad…
Me vuelven loca. Te dicen que te tienes que querer, que tienes que saber ser feliz sola, y que luego tan sólo así podrás amar totalmente a alguien; y por otro lado te dicen que venimos aquí para interrelacionarnos, vivir en sociedad y que nuestro crecimiento se realiza a partir de las relaciones que establecemos con aquellos que nos rodean…Que todos somos uno; y que para amar, no debes ser perfecto, ya que nadie lo es; si no que te deben aceptar y querer tal y como eres…
Luego lees artículos sobre la dependencia emocional, sobre lo mala que es esta “adicción” que sientes hacia otra persona, similar a la que los drogodependientes sienten hacia las sustancias adictivas. Dicen que esta dependencia surge del miedo al abandono, del miedo a la soledad.
Por otro lado, lees artículos sobre el miedo a la intimidad, el que sienten esas personas que piensan que no merecen ser queridas; y en cuanto sienten el amor y cuidado de alguien, los alejan de su vida porque sienten que no lo merecen.
Une a una persona con “dependencia emocional” con otra persona con “miedo a la intimidad”… Bomba de relojería.
Luego está mi gran admirada Teal Swan, que lo explica todo muy bien, afirma que “cuando estamos en un lugar de auto-rechazo, tan sólo podemos atraer personas que rechazan la verdad de quienes somos. Esto significa que si tenemos miedo de la intimidad, atraeremos todo tipo de personas que nos necesiten y que nos presionen hacia la intimidad. Esto significa que si necesitamos intimidad, atraeremos a todo tipo de personas que sean independientes y que no quieran darnos su tiempo y energía... Lo triste es que, dado este rechazo que sentimos de la gente a nuestro alrededor (que en el fondo sale de nuestro propio rechazo de la esencia de nuestro niño interior para encajar en el mundo que creció), empezamos a sentir que hay algo malo en nosotros.” Esto es!
Ahora ¿cómo lo “solucionas”? Quiero decir, ¿qué haces para sentirte bien y no sufrir? Para no auto-rechazarte? Yo no lo sé. Ni siquiera tengo conciencia de mi auto-rechazo.
Como siempre, se trata de seguir a nuestro corazón, de escucharnos… A nosotros, a nuestra verdad, no a los ruidos de la mente y de la gente que nos habla alrededor… Qué quieres en la vida? Cómo te sientes ante esto que estás viviendo? Viviendo en el presente.
Teal dice que “debemos de parar de ser cerebrales sobre lo que es la felicidad o sobre cómo conseguirla. La felicidad no consiste en alcanzar metas. En cuanto pensamos esto, estamos perdiendo la felicidad del momento centrándonos en la felicidad en el futuro. Pensamos que la felicidad está en ganar una medalla de oro, conseguir ganar más dinero, mudándonos a otra ciudad o casándonos con esa persona. Externalizamos la felicidad cuando realmente no tenemos ni idea si esas cosas nos harán más felices. Pensamos que sí, pero ciertamente no lo sabemos… Tan sólo podemos saber lo que nos hace felices en el momento en el que estamos, escuchando y siguiendo nuestras emociones y sentimientos positivos. Así que paso a paso. Deja de preocuparte y obsesionarte por las cosas del futuro y comienza a enfrentarte a cada día tal y como llega. Si ‘cerebralizas’ tu felicidad, estás ignorando o sacrificando la felicidad que está disponible para ti aquí y ahora por la promesa de una futura felicidad”.
Creo que hace años que estoy “cerebralizando” mi felicidad y no he conseguido disfrutar plenamente del aquí y ahora… tan sólo lo hacía, o lo hago, cuando estoy viviendo esos “momentos cerebralizados” en el que mi mente piensa que estoy viviendo lo que anhelaba… Pero en cuanto esos instantes se acaban… bajada en picado!
Y no debe ser así. No debemos poner nuestras expectativas de felicidad en nada y en nadie… Muy fácil de decir pero, ¿cómo vivimos sin expectativas? Ayer una amiga me decía que es normal tener expectativas en una relación. Pero, supongo que sucede como con tantas cosas “normales”… que sean “normales” no implican que sean “correctas” o “buenas” para nosotros… No lo sé.
Debemos vivir y disfrutar el presente. El aquí y el ahora. El estar escribiendo ante este ordenador. Beber un trago de agua fresca. Escuchar una bonita canción. Tomar un apetitoso bocadillo en el bar de al lado… y mil cosas más.
Confieso que para mí no es nada fácil. Una mente romántica como la mía se pierde en mil anhelos, expectativas, imágenes, recuerdos y sueños… y debería disparar con una pistola esas proyecciones que aparecen en mi mente cual película de amor para que se desvanecieran… y volver al aquí y al ahora. Bajar de la nube… O no, lo mejor es hacer de mi día a día mi vida en la nube.
Luego lees artículos sobre la dependencia emocional, sobre lo mala que es esta “adicción” que sientes hacia otra persona, similar a la que los drogodependientes sienten hacia las sustancias adictivas. Dicen que esta dependencia surge del miedo al abandono, del miedo a la soledad.
Por otro lado, lees artículos sobre el miedo a la intimidad, el que sienten esas personas que piensan que no merecen ser queridas; y en cuanto sienten el amor y cuidado de alguien, los alejan de su vida porque sienten que no lo merecen.
Une a una persona con “dependencia emocional” con otra persona con “miedo a la intimidad”… Bomba de relojería.
Luego está mi gran admirada Teal Swan, que lo explica todo muy bien, afirma que “cuando estamos en un lugar de auto-rechazo, tan sólo podemos atraer personas que rechazan la verdad de quienes somos. Esto significa que si tenemos miedo de la intimidad, atraeremos todo tipo de personas que nos necesiten y que nos presionen hacia la intimidad. Esto significa que si necesitamos intimidad, atraeremos a todo tipo de personas que sean independientes y que no quieran darnos su tiempo y energía... Lo triste es que, dado este rechazo que sentimos de la gente a nuestro alrededor (que en el fondo sale de nuestro propio rechazo de la esencia de nuestro niño interior para encajar en el mundo que creció), empezamos a sentir que hay algo malo en nosotros.” Esto es!
Ahora ¿cómo lo “solucionas”? Quiero decir, ¿qué haces para sentirte bien y no sufrir? Para no auto-rechazarte? Yo no lo sé. Ni siquiera tengo conciencia de mi auto-rechazo.
Como siempre, se trata de seguir a nuestro corazón, de escucharnos… A nosotros, a nuestra verdad, no a los ruidos de la mente y de la gente que nos habla alrededor… Qué quieres en la vida? Cómo te sientes ante esto que estás viviendo? Viviendo en el presente.
Teal dice que “debemos de parar de ser cerebrales sobre lo que es la felicidad o sobre cómo conseguirla. La felicidad no consiste en alcanzar metas. En cuanto pensamos esto, estamos perdiendo la felicidad del momento centrándonos en la felicidad en el futuro. Pensamos que la felicidad está en ganar una medalla de oro, conseguir ganar más dinero, mudándonos a otra ciudad o casándonos con esa persona. Externalizamos la felicidad cuando realmente no tenemos ni idea si esas cosas nos harán más felices. Pensamos que sí, pero ciertamente no lo sabemos… Tan sólo podemos saber lo que nos hace felices en el momento en el que estamos, escuchando y siguiendo nuestras emociones y sentimientos positivos. Así que paso a paso. Deja de preocuparte y obsesionarte por las cosas del futuro y comienza a enfrentarte a cada día tal y como llega. Si ‘cerebralizas’ tu felicidad, estás ignorando o sacrificando la felicidad que está disponible para ti aquí y ahora por la promesa de una futura felicidad”.
Creo que hace años que estoy “cerebralizando” mi felicidad y no he conseguido disfrutar plenamente del aquí y ahora… tan sólo lo hacía, o lo hago, cuando estoy viviendo esos “momentos cerebralizados” en el que mi mente piensa que estoy viviendo lo que anhelaba… Pero en cuanto esos instantes se acaban… bajada en picado!
Y no debe ser así. No debemos poner nuestras expectativas de felicidad en nada y en nadie… Muy fácil de decir pero, ¿cómo vivimos sin expectativas? Ayer una amiga me decía que es normal tener expectativas en una relación. Pero, supongo que sucede como con tantas cosas “normales”… que sean “normales” no implican que sean “correctas” o “buenas” para nosotros… No lo sé.
Debemos vivir y disfrutar el presente. El aquí y el ahora. El estar escribiendo ante este ordenador. Beber un trago de agua fresca. Escuchar una bonita canción. Tomar un apetitoso bocadillo en el bar de al lado… y mil cosas más.
Confieso que para mí no es nada fácil. Una mente romántica como la mía se pierde en mil anhelos, expectativas, imágenes, recuerdos y sueños… y debería disparar con una pistola esas proyecciones que aparecen en mi mente cual película de amor para que se desvanecieran… y volver al aquí y al ahora. Bajar de la nube… O no, lo mejor es hacer de mi día a día mi vida en la nube.
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